Archivos para 6 noviembre 2015

El último día


Eduardo Rueda Prada (abril 4 de 1930 - noviembre 6 de 2009)

Eduardo Rueda Prada (abril 4 de 1930 – noviembre 6 de 2009)

Padre: recuerdo, como en un secuencia de planos, el último día que estuvo de cuerpo presente entre nosotros. Hacía sol, el típico sol que por esta época nos anuncia que ya vienen las vacaciones de diciembre, era viernes. Fuimos a cita de control con el médico y, vaya paradoja, dijo que la enfermedad había cedido, lo que nos devolvió la esperanza. Tengo en mi memoria esa sala en la que le hacían la radioterapia, y al fondo, siempre, el canal RCN con el programa de Jota Mario Valencia.

Salimos de la cita para la casa, pero en plena autopista le dolió la pierna. “Efectos del tratamiento” pensamos para dentro. Supe luego que ya el almuerzo no quiso hacer. Y la tarde transcurrió en cámara rápida, hasta que una llamada de mi hermana, de esas que uno no quiere escuchar nunca jamás, hacia las 4:00 p.m., me obligó a devolverme a la casa, a su hogar, en el que siempre lo acogimos con amor infinito, porque el cariño hacia los padres es doblemente correspondido por los hijos, así no se exprese a menudo.

Y conocí la agonía. Le vi la cara, por primera vez en mi vida, a la muerte. Un hombre postrado en su cama, no en una cama ajena, sino en la suya, aferrado a su mujer, conduciéndolo a aguas más tranquilas. Jamás olvidaré la pregunta de mi madre ¿tiene miedo?. Se hizo un silencio infinito. Fuimos llegando uno a uno para rodearlo, para sentirlo por última vez, para acompañarlo en ese trance tan triste, pero a la vez, tan sublime. Su vida se apagó, así, sin más. No hubo un hasta luego ni un adiós. Fue, finalmente, una muerte bonita, sin sufrimientos ni dolores.

El resto fue la lucha frenética por devolverle la vida en unos minutos intensos. Paramédicos, ambulancia, sirena, velocidad, adrenalina pura y, tampoco se me quita de la cabeza, la frase de mi hermana “papi se murió”. Golpe seco. Las preguntas, los remordimientos, ver su cuerpo, salir a buscar los papeles de la funeraria y ¿sabe qué padre? Me fumé un cigarrillo en su honor, profundo, a su estilo, que me encantaba, como un gentleman de película… Y luego vino la tristeza, esa que nunca se ha ido cada vez que lo recuerdo, esa que me arruga el corazón y que me hace encharcar los ojos por su ausencia, padre… Cómo nos hace de falta, cuánto lo extrañamos y qué no daría por, al menos, verlo de nuevo un instante con esa sonrisa que siempre dibujaba en el rostro ante las ocurrencias de su primer nieto ¡vaya nostalgia! Un abrazo infinito padre al honrar su memoria, hoy 6 de noviembre, en un nuevo aniversario de su muerte.

Anuncios

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: